¡A pelear contra molinos!

Quizás Ortega y Gasset exageraba, o veía con desesperación el escenario de una Europa desgarrada por fascistas y comunistas, cuando escribió que ser de izquierda, como ser de derecha, era una de las muchas formas que podía elegir un hombre para ser un imbécil. Quizás exageraba, insisto, aunque viendo el debate político en Colombia resulta tentador darle la razón. Ahora resulta que la prioridad número uno, según la derecha, es luchar contra el castrochavismo, un molino de viento antiguo y anacrónico, que de un día para otro, convertido en gigante aterrador, amenaza con tiranizar a Colombia. Y todo esto, desde luego, por lo diálogos de paz y las irresponsables maniobras de su promotor más conspicuo: Juan Manuel Santos. Si el castrismo es terrorífico y el chavismo desastroso, ¡imagínense el castrochavismo! Santos sería, por deriva lógica, el culpable de pavimentar el camino al despotismo más nefasto de la historia del continente.

Esto no es más que una payasada que alimenta lo que supuestamente pretende combatir. La gran amenaza de las instituciones latinoamericanas ha sido el populismo, esa píldora con la que los demagogos han alimentado el apetito de irrealidad. Una campaña política centrada en problemas concretos y reales, anclada a la tierra, parece no dar los mismos frutos. Tiene que tomar vuelo y hacer creer a los copartidarios (correligionarios, mejor) que estamos en medio de una batalla cósmica entre el bien y el mal. La derecha ya tiene su molino de viento, el castrochavismo, y la izquierda insiste en los suyos, el imperialismo y el neoliberalismo. Si para la izquierda el liberalismo es perverso, ¡imagínense el neoliberalismo!, una versión reloaded del Diablo, el Coco versión 2.0. Y así vamos: castrochavismo versus neoliberalismo, dos horribles monstruos que se ciernen sobre pueblos inocentes, cuyo fracaso se explica siempre por la influencia nefasta de algún mal externo.

Y la verdad es que todo esto tiene más de ficción que de realidad. ¿Quién ha visto algún tratado de neoliberalismo? ¿Qué economista o qué político se declara neoliberal? Neoliberalismo es el término con el que la izquierda define al liberalismo a secas, porque el liberalismo a secas ha defendido, desde el siglo XVIII, la propiedad, el libre comercio, la apertura económica, el mérito y las libertades individuales, y desde entonces todo esto, o buena parte, le ha producido alergia a la izquierda. En cuanto al castrochavismo, el mismo Fidel dijo en 2010 que el modelo cubano no servía ni siquiera en Cuba. Y, como resulta evidente para todo aquel que no esté peleando contra el molino del imperialismo, en Venezuela tampoco. ¿A quién se le ocurre pensar que la mezcla de dos sistemas corruptos, autoritarios y económicamente inviables puede apoderarse de Colombia?

Desde luego que no lo hará. A menos, claro, que nos dejemos tentar por la irrealidad y traguemos el cuento de los redentores de izquierda o de derecha. Porque para combatir molinos de viento no sólo se necesita obcecación, también destruir las instituciones y liberarse de las leyes, esa fuerza gravitacional que le pone los pies en la tierra a todo aquel con ansias de poder.

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