Populismo a la española

El 15-M, esa movilización de jóvenes y adultos insatisfechos que durante varias semanas de 2011 se tomó las plazas de España, pareció haber sufrido la suerte de tantos otros levantamientos populares: el desgaste y la extinción. Sin embargo, la persistente crisis económica mantuvo viva la desafección, y hoy los jóvenes empiezan a desconfiar de los grandes partidos y de los pactos que permitieron la transición de la dictadura de Franco a la democracia actual. Mientras numerosos políticos han protagonizado impúdicos casos de corrupción, su calidad de vida ha disminuido. Nunca ha habido en la España democrática tantas personas agraviadas ni tantos ciudadanos arrinconados en los márgenes de la sociedad. Y esa masa social, que ya no cree en la política tradicional ni en el sistema representativo, puede generar, como ocurrió en Venezuela, un cambio político radical.

Así interpretaron la situación española algunos profesores de la Complutense que decidieron lanzarse a la aventura política con el partido Podemos. Tienen elementos de juicio: uno de ellos fue asesor de Chávez, otro escribió una tesis doctoral sobre las luchas por la hegemonía en la Bolivia de Evo Morales, y su líder, el telegénico Pablo Iglesias, trabajó para una fundación que presta asesoramiento político –nada barato, por cierto- al gobierno venezolano. Las ideas del argentino Ernesto Laclau, adalid intelectual de los Kirchner, les han sido de mucha utilidad. Laclau muestra que los focos del descontento social, bien administrados, pueden traducirse en una nueva hegemonía política. El primer paso es demostrar que las reivindicaciones sociales no serán resueltas por los cursos institucionales, debido a que el sistema está en manos de poderosos nada proclives a socorrer a la gente de la calle; sólo a los bancos y grandes multinacionales. El segundo, convertirse en la voz de ese nosotros, los que han perdido sus viviendas, los que no tienen trabajo, los estafados por los bancos, y construir un ellos culpable de todos estos males. Un nosotros puro versus un ellos, “la casta”, causante de… sí, de tu infortunio, tu dolor, tu fracaso.

Este discurso populista (para ellos, como para Laclau, el populismo no tiene connotaciones negativas) sólo resulta creíble en outsiders, es decir, en personas que salen de la nada y no tienen cadáveres en el ropero. En la política española actual, es raro encontrar un miembro de un partido que no tenga un cementerio bajo la cama. Iglesias ha sacado un increíble rédito televisivo de esta situación. En cada tertulia vapulea al político de turno y le da una lección moral. Y sí, Iglesias no ha hecho nada malo, pero porque no ha podido. Podemos es nuevo en este juego. Su expediente está limpio porque está vacío. Ni las libertades, ni el pluralismo, ni la seguridad social, ni los más que aceptables estándares de vida de los españoles son mérito de ellos. Al contrario, sus propuestas están ancladas en deseos y espejismos, y eso, como en las “democracias radicales” que dicen admirar, otorga poder al precio de la ruina. Dudo que esta iniciativa tenga mucho recorrido, pero ¿y si me equivoco?

O el ejercicio del poder los modera, o podemos naufragar.

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